Hoy se cumplen dos años del asesinato de Orlando Zapata Tamayo. Su espantosa muerte en una prolongada huelga de hambre conmovió a todos. La noticia recorrió el mundo entero, y algunos solidarios países criticaron a la dictadura de los hermanos Castro, quien por supuesto no dejó de hacer lo que siempre hace: intentar denigrarlo.La vida de un hombre joven, humilde y saludable se perdió en la inmensidad de un mundo convulso, donde a muchos no le importó. El entonces presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula Da Silva, fue uno de los que se prestó a seguirle el juego al dictador de turno en La Habana. Su complicidad con el régimen lo convirtió en un ser mucho más despreciable.
La represión fue mayor a partir de entonces. Las Damas de Blanco y la oposición interna, la que toma las calles, la de verdad, fue brutalmente atacada por turbas paramilitares y agentes de la policía política. Pero la muerte de este joven de la raza negra repercutió en la conciencia de quienes quieren a Cuba libre, y se convirtió en mártir.
Luego han seguido otras muertes inducidas por un sistema que no tolera la rebeldía de quienes no se someten. Quizás otros crímenes estén por llegar. La dictadura no cede un milímetro de espacio porque sabe que pierde el control totalitario y absoluto. No por gusto las cárceles están llenas, no solo de presos políticos, sino también de gentes del pueblo que intenta sobrevivir a cualquier precio.
La mafia castro-comunista que controla el poder sabe que algún día todo puede cambiar. Sus llamados líderes envejecidos y corruptos no son más que caricaturas grotescas en un mundo globalizado donde todo cambia aceleradamente. Les queda poco, y lo saben.
Orlando Zapata no murió en vano. Su nombre saltó al cielo, como muchos otros que murieron en las mismas condiciones, en los paredones de fusilamiento gritando: "Viva Cristo Rey", en la lucha armada del Escambray y otras partes de Cuba.
A dos años de su muerte solo quería recordarlo. Más allá de ciertas declaraciones sin sentido y del intento del régimen por denigrar su imagen. Nada de eso borra en mi mente a alguien que entregó su vida por una causa y sus ideales.
En paz descanses, Orlando Zapata Tamayo.