
AMARAS A TU PROJIMO COMO A TI MISMO
Su sorpresa no pudo esconderla a pesar de su cinismo. Su mirada fue como un rayo que quería partirnos en pedazos. Fue entonces cuando me pregunté si él creía realmente en uno de los Diez Mandamientos: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
Era el 2 de febrero de 2012, el Día de la Candelaria. Una misa en la lujosa iglesia de la Epifanía en Miami sería dada por el Arzobispo Tomas Wenski, el mismo que ha andado correteando de un lado para el otro pidiendo a congresistas liberales que levanten el embargo de Estados Unidos a Cuba, a pesar del robo de las propiedades norteamericanas por parte de la dictadura castrista, y del comportamiento represivo, totalitario y sangriento de quienes han torturado, fusilado y encarcelado a cientos de miles de cubanos en más de medio siglo.
Una gran cantidad de personas entraban a la iglesia, decenas de monaguillos y curas estaban en la puerta a la espera del Monseñor, quien llegó con su atuendo color rojo, al que todos inmediatamente rindieron pleitesía.
Éramos un pequeño grupo, sin prensa, sin usar nuestras cámaras fotográficas, ni teléfonos celulares. Los motivos por los cuales estábamos allí no eran mediáticos, ni personales. Simplemente queríamos decirle a Wenski que su actitud dejaba mucho que desear, y que su intenso deseo de hacer una peregrinación católica-turística a Cuba, era como darle la bendición a los crímenes del castrismo, incluyendo al último de ellos: el asesinato de Wilmar Villar Mendoza, a quien dejaron morir en una prolongada huelga de hambre sin recibir asistencia médica hasta casi el final de sus días, cuando ya no había nada que hacer.
Tomas Wenski, el Arzobispo de Miami, nos miró, y en su mirada pude notar la frialdad y el resentimiento de alguien que se sintió arrinconado en su propia actitud indigna. Abrimos una tela que decía: “Prohibido Olvidar, la fe no es negociable, Viva Cristo Rey”, además de otros carteles pidiendo que reconsideraran la visita del Papa a Cuba y la peregrinación turística que anda preparando con tanto ahínco, aún sabiendo todo el ingreso que genera a la dictadura.
Pero el objetivo de nuestra protesta silenciosa se cumplió totalmente. No hubo fotos, ni videos. Un canal en inglés convocado quizás por ellos nos preguntó el por qué de la misma y le explicamos.
Han pasado días y no había escrito al respecto. Hoy creo que debo dejarlo en esta corta crónica porque sigo considerando, al igual que los demás que allí estábamos, que la visita del Sumo Pontífice a Cuba será parte de un show mediático donde saldrá ganando la dictadura, quien recibirá enormes dividendos para continuar su represión, más allá de la que actualmente existe en el poblado de El Cobre, donde empobrecidos cubanos han sido desalojados de sus viviendas, mientras han construido en tiempo récord una casa con todas las comodidades para el Papa Benedicto XVI, quien jamás se enterará de toda la represión alrededor de su viaje, porque ni el Monseñor de La Habana le informará, ni el Arzobispo de Miami tampoco porque la complicidad se complementa con el silencio.
Cuando el Sumo Pontífice visite El Cobre, duerma en su casa a prueba de sismos y habitaciones climatizadas, mientras muchos lo harán en la calle porque han sido destruidas sus viviendas para dar una imagen bella del lugar, muchos presos estarán recibiendo castigos, los opositores serán pateados y las Damas de Blanco estarán recibiendo violentos actos de repudio por parte de grupos paramilitares, o para evitar el espectáculo, las llevarán a asquerosas celdas en unidades policiales o de la Seguridad del Estado.