Comentario Contrarrevolucionario.
Por: Manolo Pozo
Cada año y por cinco décadas andamos esperando el final de la peor revolución de la historia americana. Nunca debió existir el 26 de Julio ni sus consecuencias; pero ahí lo tenemos. Enfermo y sanguinario, pero aún anda el líder del infierno exterminando lo mejor que esperamos.
Por: Manolo Pozo
Cada año y por cinco décadas andamos esperando el final de la peor revolución de la historia americana. Nunca debió existir el 26 de Julio ni sus consecuencias; pero ahí lo tenemos. Enfermo y sanguinario, pero aún anda el líder del infierno exterminando lo mejor que esperamos.
Todos los factores objetivos y subjetivos de la historia convergían para que la mayoría de los cubanos colaboraran en la llegada de esa llamada revolución que nunca necesitamos y que retrocedió tragicamente el próspero proceso económico de los cubanos. Además de convertirnos en una población sin rumbo y desesperanzada.
De inmediato nos fuimos a las cárceles, al mar y a los paredones. Nos quedamos sin curas y sin iglesias. La revolución se convirtió en fé, esperanza y caridad. Sólo la revolución educaba y protegía. De pueblo de Dios a pueblo revolucionario.
Y así la palabra revolución tuvo sinónimos ideológicos inseparables: Leninismo, marxismo, fidelismo, estalinismo y por qué no fascismo, maoísmo e internacionalismo, entre otras maldades permanentemente muy revolucionarias que nos apresaron.
La sociedad cubana se dividió en revolucionarios y contrarrevolucionarios. El calificativo te perseguía o te liberaba de los Comité de Defensas de la Revolución y de todas las leyes tiránicas. La pérfida revolución que nos cayó de la Sierra Maestra no nos dejó términos medios. O eras o no eras.
En el 1979 llegué al Típico de las Tunas. Una prisión provincial de mediano tamaño, pero abarrotada de prisioneros hacinados y hambrientos. En una oportunidad que me llevaron a la oficina del jefe del penal por alguna carta que recibí fuera del sistema, el capitán a cargo me preguntó sobre mi delito y le dije que era un prisionero político. Encabronado me respondió - ¡Contrarrevolucionario..! ¡Contrarrevolucionario! Aquí no hay presos políticos-. La respuesta del Capitán Valentín nunca la he olvidado. La digerí y lejos de molestarme la asumí. Desde entonces he sido un contrarrevolucionario confeso y presumido. Bautizado por un capitán de la revolución enemiga de mi gente.
En la dirección penitenciaria de algunas de las prisiones que estuve tenían una pizarra o listado en donde clasificaban a los presos por ciertas categorías y delitos. En el caso de los presos por razones política las letras C.R. es la que nos identificaba. Es más, algunos carceleros o combatientes, como suelen llamarse, te puden decir: - CR Pozo, tienes visita- o, - CR Manuel Pozo, recoja sus pertenencias-.
Definitivamente acepté agradecido el termino despectivo de mis represores. Eso he sido, un contrarrevolucionario sin intensión de aceptar jamás una revolución nacionalista-socialista, ni a revolucionarios populares que en la historia resultan involución y suspensión de libertades.
Cuando los cubanos comencemos a ser un pueblo contrarrevolucionario, diligente y democrático despreciaremos todas las cunas de revoluciones y revolucionarios que nos dejaron sin nación y sin todo lo que perdimos...
Cuando los cubanos comencemos a ser un pueblo contrarrevolucionario, diligente y democrático despreciaremos todas las cunas de revoluciones y revolucionarios que nos dejaron sin nación y sin todo lo que perdimos...
¡Qué muera la revolución !