De la cumbre de Cartagena, ni hablé. No valía la pena. Ya se sabía de antemano sus resultados: ninguno. Los países latinoamericanos, por algunos llamados "hermanos", como siempre. Exigiendo a Estados Unidos que 'cambie' su posición respecto a la dictadura, pero a la dictadura de los Castro no la tocan ni con el pétalo de una rosa. Entonces, para qué?
Lo que sí es llamativo es el comportamiento de la diplomacia norteamericana a mano de Hillary Clinton, quien no tuvo reparos en irse a tomar cerveza a pico de botella, bailar toda la noche y escoger la música cubana como fondo en su vacilón. Espero que no haya sido con el dinero de los contribuyentes. Lo demás es cosa del gobierno federal que, además, cogieron in fraganti a varios hombres del servicio secreto con mujeres alegres.
Allá va eso.