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JOSE MARTI.

jueves, 25 de junio de 2009

WILLY CHIRINO, TERCAMENTE CUBANO


Por: Ninoska Pérez Castellón

“Los que se alejan siempre son los niños, sus dedos aferrados a las grandes maletas donde las madres guardan los sueños y el horror.” Heberto Padilla – Fuera del Juego

Alguien por favor que explique la formula, que saque a relucir el gen o la razón, que niños obligados a abandonar su tierra, cincuenta años después, aun le cantan, la añoran y la honran como si nunca la hubiesen abandonado. Debe ser que tal como tituló Mari Rodríguez Ichaso su documental, quedamos marcados por el paraíso.

Willy Chirino concluyó su gira Pa’lante Tour. Ofreció el costear una gigantesca pantalla en el Malecón y trasmitir su concierto en vivo. Ni respuesta tuvo de las autoridades castristas, que a pesar de tener la fuerza de los tanques, le temen a una simple canción que proclame una Cuba libre.

“En familia” dijo Willy sentirse cuando le habló a un American Airlines repleta de fanáticos. Cubanos de todas las edades, de todas fechas de llegada al exilio, porque Willy ha logrado ser un “artista famoso” a pesar de la distancia y el tiempo. Ha logrado el “crossover” entre de cubanos de aquí y de allá. Sin poner los pies en Cuba su música ha calado hondo. Ha viajado clandestinamente por la radio prohibida, en la punta de las olas que acarician las costas cubanas y en las alas del colibrí que celosamente guardó en su alma a la hora de la triste partida. Desarraigo que obliga a seguir mirando hacia atrás con ojos de espanto. Tal vez por eso en pleno concierto se vieron en otra gigantesca pantalla, los rostros de las víctimas. Hombres, mujeres y niños hundidos por la dictadura castrista en el remolcador 13 de de Marzo. Se vio la alegría del balsero que era encontrado por avionetas de cubanos del exilio arriesgando sus vidas en misiones de rescate. Un solo pueblo, divido por un tirano.

Durante la crisis de los balseros de 1994, una niña llamada Lisbet Martínez se encontraba junto a otros 35 mil balseros detenidos en la Base Naval de Guantánamo. Me envió un mensaje pidiendo que le llevara la canción de Willy Chirino: “Ya viene llegando”. La conocían como “la niña del violín”, infantil criatura que arrancó lágrimas en los ojos de los guarda costas que la rescataron en medio del Estrecho de la Florida y como forma de agradecimiento, sacó su viejo instrumento y entonó el himno nacional de los Estados Unidos. Cuando la encontré, lo primero que me preguntó fue si había logrado llevarle la canción. En medio de aquel campamento cargado de tristeza e incertidumbre, en una pequeña grabadora de mano logré poner el cassette con la canción que Lisbet cantó palabra por palabra con lágrimas en sus ojos. Pero lo maravilloso fue como poco a poco se fueron acercando más de cincuenta niños que comenzaron a entonar de memoria, aquella familiar canción prohibida hasta entonces. La cantaron, no con sus voces, pero con sus corazones. ¿Qué es el éxito? Ser conocido en tu propia tierra aún sin haber regresado.

Hay decenas de incidentes de quienes dentro de Cuba han ido a prisión por escuchar las canciones de Willy Chirino. Eso no es nada extraño en el país que prohibió los Beatles a más de una generación. Me contó Yotuel Montané, nieto de un comandante de la revolución, que antes de irse de Cuba, trabajando de DJ en una discoteca, dejó programado “Ya viene llegando” un fin de año. Se marchó feliz, sabiendo que tomó varios minutos antes que la Seguridad del Estado lograra poner fin a la música y a la efímera felicidad de un pueblo con ansias de libertad.


Quienes fuimos arrancados de nuestro suelo y obligados a sobrevivir en tierra ajena conocemos bien la terquedad. Conocemos esa rabiosa obstinación por no perder nuestras raíces. Cuba, Cuba, Cuba influenciando cada paso de nuestras vidas. ¿Qué representa Cuba para ti? “Vivencias que se quedan como tatuajes en el alma” responde la cantante Lissette Álvarez, esposa y alma gemela de Willy Chirino. “Un imán lo suficientemente poderoso para marcarme por toda una vida” señala la periodista Liz Balmaseda. Para el compositor y productor musical Emilio Estefan su corazón “solo añora el día de la libertad de esa madre que llamamos patria.” La periodista Cristina Saralegui quien de niña se despidió llorando de todo lo que presintió que nunca más iba a volver a ver, lleva a Cuba “como una espina de nostalgia clavada en el corazón.”. Dolor, rabia, nostalgia, pero sobre todo dignidad. No regresar mientras nuestro pueblo viva oprimido. Mientras existan presos políticos, mientras se cometan crímenes, abusos y atropellos contra los cubanos.

Y es que para Willy Chirino, “La Patria es la representación territorial de la madre, por eso puede llegar a tocar la fibra más profunda del corazón. Y por eso, precisamente es que peleamos por ella, vivimos y morimos por ella, le escribimos canciones y poesías, le oramos y la alabamos.” Cuba para Willy es la otra progenitora, la que también lo vio nacer, la que lo acompañó en sus primeros pasos y la que lo inspiró a escribirle y a cantarle. “Después de tantos años, todavía hay dos fragancias que al recordarlas provocan un nudo en mi garganta: el perfume tan peculiar de la almohada de mi madre que para mi era el somnífero más potente, y el de la tierra húmeda de mi natal Pinar del Río”

Cuba vive en Willy Chirino y el concierto Pa’lante sacudió a la Cuba que llevamos dentro de nuestras almas. La Cuba que merece el respeto que mostraron Celia Cruz y Olga Guillot al no cantar donde había un representante de la tiranía. El respeto que mostraron Cachao y tantos otros al no regresar a cantar en la casa del opresor. El respeto que exigió Gloria Estefan en su más reciente gira exigiendo libertad y democracia para su gente.

Cuba vivió por unas cuantas horas en el concierto de Williy Chirino. Como me dijo un balsero allí presente: “Después de treinta años de vivir en Cuba, la música de Willy Chirino despertó en mi el amor por mi tierra, el deseo de ser libre.” Por eso de todas las canciones que pude haber seleccionado para el tema de mi programa radial, Ninoska en Mambí, escogí a Willy cantando: “Yo quiero Cuba libre”. Cuba libre, como la soñamos. Cuba nuestro paraíso perdido. La Cuba de nuestros recuerdos atrapados a la fuerza y acariciados con ternura. La Cuba que nos pertenece, porque hijos de ella somos.