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JOSE MARTI.

martes, 26 de julio de 2011

LA CUBANÍA DE OLGA GUILLOT. POR: ANOLAN PONCE


La cubanía de Olga Guillot

Por Anolan Ponce
Tomado del Diario Las Américas

Acaba de cumplirse un año este pasado 12 de Julio que La Reina del Bolero nos dijo adiós para siempre. ¡Se nos fue la famosa voz que defendió a capa y espada la causa de una Cuba libre en todos los rincones del mundo! Desde ese día, los cubanos que anhelamos el retorno de la democracia a Cuba nos sentimos huérfanos, sabemos que no surgirá otra voz, porque en el frágil mundo de luces y bambalinas las lealtades conllevan un gran riesgo. A Olga Guillot, sin embargo, en lo que tuviera que ver con su Patria querida no le importaba quedar bien con nadie, solo con su corazón. Y ese latía por Cuba.

La llamaron la Reina del Bolero y era un título que indiscutiblemente le pertenecía. Olga era única en sus interpretaciones, gesticulando con ojos y manos y matizando su voz magistralmente para lo mismo reprochar que susurrar; acusar o acariciar; instigar al desprecio o al amor suscitando sentimientos análogos entre los que la escuchaban. Nadie como Olga Guillot para interpretar el bolero, un género musical que, como ella, nació en Santiago de Cuba y quizás fuera la razón para la grandiosa fusión de melodía y sentimiento. Compartían las mismas raíces. Se entendían. Eran almas con un solo corazón. Almas gemelas.

Pero si bien el título de Reina del Bolero le pegó muy bien, hay otro que también fue igualmente merecido e intercambiado por su nombre propio no ofrece confusión, más bien la enfoca prominentemente en el escenario de la vida: Olga de Cuba. ¡Merecido título! Porque siempre alzó su voz mambisa por una Cuba libre y soberana en sus andares por el mundo ya fuese en iluminados escenarios, altas tribunas o reuniones con ilustres o gente del pueblo. Olga de Cuba, por su amor a la patria ausente que demostró con hechos y no palabras. Olga de Cuba, porque fue la artista que no se sirvió de la causa de Cuba, sino que fue ella quien sirvió a la causa de Cuba con su palabra y su arte, el gran haber de un artista.

Su cubanía es legendaria y hay muchas anécdotas que atestiguan de ello. La más conocida es su negativa de cantar en Ciudad México en 1961, donde residía recién exiliada, la noche que el entonces embajador de Cuba en aquella ciudad, Carlos Lechuga y su séquito visitaron el centro nocturno donde ella estaba contratada. Firme, en típico estilo Guillot, ella anunció: “O se van ellos, o no canto yo.” El público que la adoraba coreó entonces: “Que se vayan, que se vayan.” Y esa noche Olga cantó sin la delegación cubana presente.

Pero hay otra anécdota que ocurrió 45 años después del incidente en México. Solo la conocemos unos cuantos que tuvimos el privilegio de trabajar junto a ella por la causa de una Cuba libre y demuestra, una vez más, que su amor por Cuba era legítimo y al igual que el oro, incorruptible a través del tiempo.

En el año 2003, el delicado balance en el Congreso de los Estados Unidos entre los partidarios de mantener las sanciones económicas y las restricciones de viaje a Cuba y los que abogan por abolirlas parecía estar moviéndose a favor de estos últimos. Cabilderos pagados por el gobierno comunista cubano invadían a diario los pasillos de los edificios legislativos en Washington cautivando con falsa información a muchos congresistas con el resultado de que sólo un veto presidencial podía impedirles, en aquellos momentos, lograr su meta de un levantamiento incondicional del embargo a Cuba. La necesidad de hacer frente a la situación y contrarrestar esta avanzada en el Congreso fue lo que llevó a la creación del U.S Cuba Democracy PAC, un comité de acción política bipartidista que se impuso como meta para lograr ese fin, la recaudación de un millón de dólares a través de donaciones personales en reuniones y cócteles recaudatorios.

Como miembro de la Junta Directiva del U.S Cuba Democracy PAC, yo estaba comprometida en esa recaudación, y esto me condujo a crear en 2005 el espectáculo “Risas y Música para Cuba” con el apoyo incondicional de mis amigos dueños del Teatro Las Máscaras, Alfonso Cremata y Salvador Ugarte, ya fallecido, que el año anterior habían donado una función en su teatro íntegramente al PAC. Sin previa experiencia en nada semejante, sólo comprendí la magnitud de lo que me había propuesto cuando desde el escenario a oscuras del Teatro Manuel Artime contemplé el salón en penumbras con 840 butacas vacías. ¡Dios Mío! me dije. ¿Cómo puedo llenar este teatro? La respuesta fue Olga Guillot.

Olga se encontraba en México, en la tranquilidad de su semi retiro, a donde se había marchado algunos años atrás, muy dolida con gentes que le cerraron las puertas a su último disco aquí en Miami. Alfonso Cremata que había sido el de la idea de traerla y además era su amigo, la llamó a México con nuestra petición de ayuda. Olga no conocía nada sobre la labor del U.S Cuba Democracy PAC, pero si estaba al tanto de lo que estaba aconteciendo en el Congreso de los Estados Unidos. Y le dijo a Alfonso: “Yo no quiero volver a Miami, pero por Cuba lo hago todo. Voy para allá ¡convénceme!”

El resto es historia. El 15 de mayo de 2005, a teatro lleno, Olga Guillot se presentó, sin cobrar un centavo, en el Teatro Manuel Artime en lo que sería su última presentación en Miami. Entre las composiciones que cantó aquella tarde mágica estaban “Miénteme” y “Tu Me Acostumbraste”, pero fue cuando entonó “He perdido una Perla” que un público ya delirante se abalanzó frente al alto escenario, casi a sus pies, para darle la mano, verla más de cerca y corear con ella la famosa canción. Era su forma de mostrar su gratitud y rendir homenaje a la Reina del Bolero que había regresado a Miami a cantar de nuevo sólo por la pureza de su genuino amor por Cuba. Allí comprendí que la grandeza de esta mujer no radicaba tan sólo en su canto, sino en su gran amor por la tierra que la vio nacer.

Fue Olga Guillot por nacimiento y Olga de Cuba por su cubanía. En su honor, recordemos hoy la canción que levantó al público de sus asientos en aquella presentación y reescribamos su epitafio:
Olga Guillot

¡Que lástima que no pudo ver a su Patria libre,
que nunca encontró la perla!
¡Que Dios no le devolviera a Cuba, su perla!
¡Esa perla que hemos perdido en el mar!

*La autora es Directora - US Cuba Democracy PAC.